Ciudades y Pueblos

Épila es un municipio y localidad española de la provincia de Zaragoza, en la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal, ubicado en la comarca de Valdejalón, tiene una población de 4704 habitantes (INE 2025).

Origen

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Historia

Según las excavaciones arqueológicas, el primer asentamiento humano se localizó en el Cabezo de Ballesteros, dentro del casco urbano actual y los yacimientos datan de los siglos VIII-VII antes de Cristo. Según los historiadores, Épila era una población celtíbera llamada en esa época Bis polis, en el año 748 a. C. Para luego convertirse en tiempos de los romanos en Segontia, Segontia como otras ciudades peninsulares con el mismo nombre, aludiendo a ser la segunda ciudad Itinerario Antonino A-25, de Caesaraugusta (Zaragoza) a Augusta Emerita (Mérida), o posiblemente Hispalis. De esta época data el puente viejo sobre el Jalón. Una de las hipótesis es que era la antigua Segontia, ciudad celtíbera situada en los alrededores de Calatorao, que consta en el itinerario de Antonino, escritor romano que describió los pueblos y las calzadas romanas de Hispania. Ricla y Calatorao, pueblos vecinos de Épila, figuran también en el itinerario.

Algunos mantienen que los celtíberos fundaron Segontia en el año 748 a. C. Según Pascual Madoz, político y erudito del siglo XIX, el nombre de Segontia, interpretado en latín como “Secunda” o “segunda”, habría sido traducido al griego como “Byspolis”, o “segunda ciudad”. Este último parece que es el nombre que Plinio el Viejo daba a la población, aunque ya en su forma derivada de “Ispalis”, que pudo ser el origen de “Épila” (Es posible que “Segontia” venga de la raíz indoeuropea “Sieg”, significando victoria).

Segontia se alió con los celtíberos numancios en su lucha contra Roma y fue destruida después de la victoria romana.

Origen de pertenencia al Condado de Aranda:

Tras la conquista de los godos que se apoderaron de Épila hacia el 473 d. C., se produjo la de los musulmanes y Épila fue ocupada hacia el año 714 sin dificultad. Más tarde los musulmanes construyeron el castillo (siglo XI).

El rey Alfonso I de Aragón, "el Batallador", reconquistó Épila en 1119, manteniendo a la población musulmana, a los que se dio un año para que abandonasen el interior del recinto amurallado y se constituyesen en comunidades en barrios extramuros y salvo la vivienda conservaron todo su patrimonio, heredades, religión y derechos. En 1294 Jaime II de Aragón vendió Épila y su castillo al noble Artal de Alagón.

Después de la reconquista de Épila, la villa fue entregada a López Garcés Pelegrín. El 21 de julio de 1348 tuvo lugar una batalla entre los partidarios de la unión aragonesa y el rey Pedro IV de Aragón, ganando este. En 1366 Pedro IV cedió Épila y Rueda (Vizcondado de Rueda) a Francés de Perellós que le había ayudado a vencer a Pedro I de Castilla. En 1389 y 1391 Ramón de Perellós consiguió del rey Juan I los privilegios de pontazgo y de mercado. De modo que Épila después de realengo (propiedad real) hasta 1376, se convirtió al cederla con su castillo y el de Rueda a Francés de Perellós, vizconde de Rueda, en parte de este condado.

En 1393 los Perellós la vendieron a Lope Ximénez de Urrea y a partir de este momento se inició la construcción del palacio cuyos muros de la pared oeste formaron parte de la muralla. Pero al tomar posesión de la ciudad, ambos juraron defender sus privilegios y proteger a sus vecinos como si estuviesen bajo la jurisdicción real. Otro Lope Ximénez de Urrea es nombrado conde de Aranda en 1483. Durante siglos la localidad perteneció a la familia de los condes de Aranda.

En 1570 Juan Jiménez de Urrea y Juan Enríquez fundaron en Épila el tercer convento agustino de Aragón, llamado de San Sebastián, que estaba al suroeste de la villa cerca de la ermita de San Lázaro, en un barrio llamado todavía barrio de los Agustinos. Los frailes tomaron posesión del convento en 1573. También fundaron, en un anejo del convento, una escuela para niños pobres, donde se enseñaba la gramática latina. Se mantenía con sus propias rentas procedentes de la cesión por los Condes de Aranda de una propiedad a la que llamaron “La Viña del Señor”, que hoy es la finca de La Viñaza, de los condes del mismo nombre.

Después de la Guerra de Sucesión Felipe V concedió a Épila un escudo de armas con el privilegio de denominarse “villa” y el tratamiento de “fidelísima”. Por su conducta de fidelidad al rey en tan delicada situación monárquica.

A mediados del siglo XIX la villa tenía contabilizada una población de 2424 habitantes.​ Aparece descrita en el séptimo volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:

Sucesos acaecidos en Épila con importancia para el Reino:

Nacimiento de un rey y muerte de una dinastía:

En Épila nació en 1358 el rey Juan I de Castilla. Hijo del conde de Trastámara, don Enrique (futuro rey Enrique II de Castilla) y de doña Juana Manuel. Como agradecimiento al pueblo y su lealtad a la corona, le dotó del rango de Excelentísima y Fidelísima Villa de Épila.

Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, murió el 9 de enero de 1798, en el palacio de esta localidad donde residió los últimos años de su vida y dejó sin descendencia la saga familiar, que sin heredero masculino pasó a formar parte por matrimonio de su sobrina de la casa de Híjar, desapareciendo como tal el título de conde de Aranda, al englobarse dentro del nuevo título.

Repercusión de las Alteraciones de Aragón:

En 1591 durante las llamadas Alteraciones de Aragón, el justicia de Aragón Juan de Lanuza, (El Mozo) se refugió en Épila, donde vivía su madre, bajo el amparo del conde de Aranda y el duque de Villahermosa. Basándose en los fueros aragoneses, había protegido al antiguo secretario de estado Antonio Pérez de la persecución del rey Felipe II de España, quien acusaba a Antonio Pérez del asesinato de Juan Escobedo, secretario de la Real Hacienda y secretario de su hermanastro encargado de la defensa de Flandes, don Juan de Austria. Ante la lentitud de la justicia Aragonesa y las trabas judiciales, el rey dispuso la formación de un ejército con la excusa de una incursión a Francia. Pero que antes pondría paz en su territorio, pues estaba de camino a la empresa. El día 1 de noviembre el Justicia, Juan de Lanuza V, y los diputados convocaron a las universidades, pueblos y ciudades de Aragón para que el día 5 enviaran a Zaragoza contingentes militares dispuestos para la guerra. Se intentó aunar en la causa a valencianos y catalanes, pero mientras los primeros se excusaron, los catalanes solo se comprometieron en hacer de mediadores ante el rey. También se pronunciaron en contra de ayudar a los resistentes aragoneses, las ciudades de Tortosa y Lérida. Del mismo modo, se escribió a Felipe II para informarle del caso pidiéndole que mandase detener el ejército por las graves consecuencias que esto tendría para el Reino quien, según el lugarteniente general, podría llegar a reunir 24 000 hombres para repeler la invasión.

Pero la angustiosa solicitud no encontró mejor respuesta entre las poblaciones regnícolas. Tan solo Jaca, Daroca, Caspe, Teruel, Bielsa, Puértolas y el Valle de Gistain, prometieron enviar la ayuda requerida, el resto negaron su apoyo al Justicia a concurrir a la resistencia y en tales términos lo comunicaron a Felipe. Tampoco los grandes nobles acudieron a la llamada del Justicia.

El ejército de Alonso de Vargas, general del ejército de su Majestad cruzaba la raya aragonesa el 8 de noviembre y, sin resistencia alguna, el 12 entraba en Zaragoza. Atrás quedaban la huida de Antonio Pérez hacia Francia y la del conde de Aranda y el duque de Villahermosa hacia Épila, villa a la que se unirían después el Justicia y don Juan de Luna, en vista de la escasa confianza depositada en las fuerzas forales. La defección de los mandos regnícolas dio con la desbandada de las tropas en Utebo. Ocupada Zaragoza y en contra de la opinión de Vargas, el rey desató una represión con el objeto de castigar de forma ejemplar a los amotinados. Los mismos diputados de Cataluña pidieron clemencia al rey a la hora de la represión solicitando "...intercedir per los qui contra son real servey". De

Monumentos

Existe un rico patrimonio local que no se basa solo en la propia arquitectura, sino que también incluye atractivos medioambientales y paisajísticos dignos de reseñar. Ejemplos arquitectónicos claros como el palacio de los Condes de Aranda (del siglo XVI), el edificio de los Marqueses de Saudí, el de los Condes de Montenegrón, o también los conventos de las monjas Franciscanas Concepcionistas, de clausura, y el del asilo, que ocupa el antiguo convento de los Capuchinos y donde también trabajan monjas profesas. Como patrimonio de la naturaleza cabe citar la fuente de la Cascarrera, los olivos del Santuario de Rodanas, la cueva del gato o las playas fluviales de Mareca.​

Encontramos otras edificaciones a destacar: casas-palacio interesantes, como la de Jiménez Frontín Dorado o la de los condes de Montenegrón y la vivienda en la que nació el mártir San Pedro Arbués, o la curiosa casa de las Yedras, empleando para bien la cortina de yedras que inunda su fachada, causando un efecto beneficioso climáticamente, tan puesto en boga con los jardines verticales y un cambio estacional de sus colores en la fachada.

En lo alto de un cerro encontramos un conjunto bloques de piedra que marcan el lugar donde se ubicaba el desaparecido castillo y en las proximidades de la población, un puente romano, del siglo III d. C. que corresponde al antiguo trazado de la vía que unía Caesaraugusta con Augusta Emerita.

Una ermita de estilo románico tardío de nombre Santa María Magdalena, vestigio más antiguo de la cristiandad en Épila. La Casa de Mareca, ocupada por los padres de la Compañía de Jesús hasta su expulsión, alberga los restos de Luis Ximénez de Urrea, cuarto conde de Aranda y vestigios de un cubil defensivo musulmán, en ruinas en la actualidad y de propiedad privada.

Artístico:

Iglesia de Santa María la Mayor:

Es una iglesia de grandes dimensiones, con una volumetría clara y rotunda, realizada en el siglo XVIII según modelos barroco-clasicistas que siguen la estela pilarista. Consta de tres naves de la misma altura y cabecera recta tripartita, alojándose un coro bajo en la capilla central.

Las bóvedas de cañón con lunetos de la nave central y los brazos del crucero, al igual que la cúpula que cubre el mismo, se hallan decoradas con interesantes pinturas murales que animan el diáfano espacio.

Al exterior destaca la monumental fachada occidental, que presenta un juego de retranqueos que le confiere un dinamismo contenido. Presenta en el centro una portada clásica flanqueada por pilastras jónicas y rematada por un frontón triangular, a cuyos lados se proyectó la construcción de torres, de las que solo se acabó la de la derecha. Igualmente clásicos son los motivos que decoran el resto de la fábrica, que combina sillar con sillarejo y ladrillo, y se encuentra actualmente en perfecto estado de conservación.

En el entorno se incluyen de forma general las fachadas de los inmuebles que dan a las plazas Conde de Aranda, Capitán Esponera y la propia de la Iglesia, incluyendo la de los inmuebles que dan a la calle vieja en el lateral y la totalidad de las parcelas que se encuentran adosadas en la parte trasera de la misma.

Las obras de la fábrica actual de la iglesia se inician en el año de 1722 bajo la influencia de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza. También se sabe que lo más importante de la fábrica y decoración del nuevo templo se hallaría acabado en 1798, fecha de su bendición solemne.

La monumental fachada de los pies es una de las mejor resueltas en la arquitectura aragonesa del momento, a base de un frontispicio tetrástilo de pilastras sobre alto basamento y cerrado en frontón, con ático sobrepuesto y dos torres laterales, de las que solo se acabó la derecha, y en cuya terminación, intervino Matías Sanz, el hijo de Agustín. Se ejecutaron obras para consolidar y restaurar la torre terminada y, posteriormente, se afrontó la terminación total de la iglesia con la construcción de la torre campanario gemela a la existente en su lado izquierdo. La inauguración de esta obra, una vez terminada, se dio el 16 de enero de 2011.

De la decoración interior debe destacarse el gran conjunto mural de las bóvedas, de los más importantes del siglo XVIII aragonés, si se exceptúan el Pilar de Zaragoza y la cartuja de Las Fuentes en Lanaja. Las pinturas más importantes van firmadas por Mariano Ponzano, pintor de cámara, tío del escultor Ponciano Ponzano. El resto de las pinturas murales se atribuye a fray Manuel Bayeu.

La iglesia de Santa María la Mayor tiene un altar, construido en el solar de la casa del inquisidor San Pedro Arbués, en el que se veneran sus reliquias. En otro de los altares se encuentra la Virgen del Rosario. En esta misma iglesia hay un fresco atribuido a Francisco de Goya, varios frescos de Francisco Bayeu, y una imagen de Jesús niño llamada “El Cautivico”, que hasta la exclaustración de 1835 perteneció a un convento de los capuchinos que se encontraba en Épila bajo el patrocinio de San José.

Sepulcro de Lope Ximénez de Urrea:

Dentro de la iglesia de Santa María la Mayor hay que hacer una reseña al bello sepulcro de talla en alabastro aragonés de Lope Ximénez de Urrea, Virrey de Sicilia en 1465 hombre leal a Fernando de Aragón y padre del primer conde de Aranda también de nombre Lope y otros miembros de su familia.​ Como relata el brillante enlace adjunto en referencias de este sepulcro. No fue su entierro original este de Épila, sino que fue trasladado desde la catedral de Sicilia donde fue enterrado con honores de monarca y reconocimiento de su buen hacer y gobierno de la población. Por orden de su viuda que entendía que por el amor que siempre tubo hacia su localidad de nacimiento esta comprendía tenía que ser su lugar de descanso eterno. Encargó hacer una capilla de San Miguel como guerrero que fue y desapareció con la demolición de la antigua iglesia. Se respetó por parte de los nuevos patronos de la que iba a ser nueva iglesia barroca de la localidad que era el concejo del Ayuntamiento de Épila que empezó con la obra en 1748 hasta llegar a la altura de la capilla de San Miguel en 1769 donde pidió permiso a su propietario en aquel momento que era el décimo conde de Aranda. Por pertenecer a su familia y la importancia del personaje para la corona de Aragón y España. El conde pidió informes a su abogado para saber como actuar para no perder poderes en la nueva iglesia. Aceptó previa aceptación del ayuntamiento y promotor de la nueva iglesia que el sepulcro permaneciera en la misma localización donde se encontraba su antigua capilla y que el conde mantuviera sus derechos eclesiásticos para él y sus descendientes. Su disposición en esta nueva iglesia fue empotrado dentro de los muros, lo que impedía contemplar su magnífica manufactura y porte señorial.

Recientemente se han llevado a cabo hallazgos reseñables en dicha obra fúnebre, arrinconada y sin brillo en un rincón de la iglesia.​​

Los trabajos han recuperado para la villa y el patrimonio aragonés una obra espléndida en alabastro de extraordinaria calidad, datable hacia 1500 y, de manera sorprendente, inédita.

La ermita de Santa María Magdalena:

Es un vestigio del románico tardío de Aragón y en la actualidad está vacía. Dista unos 800 metros del cementerio. Se encuentra en una zona degradada y marginal denominada 'las cuevas', porque en los alrededores existen numerosas casas-cueva y bodegas vinícolas, deshabitadas la mayoría en la actualidad. Antiguamente se hacía una romería hasta la ermita y se merendaba en sus inmediaciones una vez acabada la misa. Su marginalidad la llevó al deterioro y a sufrir robos y vandalismo en su interior. Los gitanos locales incluso la emplearon para encerrar perros. Cuando la ermita llegó a amenazar ruina, se tuvo que intervenir para su saneamiento.

Santuario de la Virgen de Rodanas:

Existe también como interés turístico un campo de olivos centenarios, próximos a la plaza del santuario y enfrente del bar. Además un detalle curioso y digno de prestarle un guiño, es el relo

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Personajes célebres

Juan I de Castilla y León, Rey de Castilla y León (1379-1390)

Pedro Arbués, religioso y filósofo español. Santo católico

Adrián Ripa Cruz, futbolista español.

Jerónimo Jiménez de Urrea, escritor español

Pedro Manuel de Urrea, poeta español, Señor de Trasmoz

Agustín Remiro, sindicalista español

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Alcaldía: Martín Llanas Gaspar

Cómo llegar

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Autobuses

3 paradas de autobús en el municipio:

Épila. Calle de San Agustín

Épila. Avenida de Ródanas

Llegar en transporte público (rutas y horarios)

Farmacia y salud

Cento Salud Épila — Calle Escuelas 2

Farmacia Farmacia de José de los Santos — Calle Baja 31

Farmacia Farmacia de Alfredo Andréu — Plaza del Cardenal Bueno Monreal 3

Centro Salud Epila — Calle Escuelas 2

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