Valdecasa es un municipio de España perteneciente a la provincia de Ávila, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Cuenta con una población de 54 habitantes (INE 2025).
Päritolu
El origen euskera y del norte de Castilla de algún topónimo nos ofrece pistas sobre la procedencia de los colonos repobladores de estas tierras, así por ejemplo Gorría (del euskera roja, posiblemente debido al color que tomaban las laderas en invierno al estar cubiertas de robles Quercus pyrenaica que como todo el mundo sabe se vuelven rojizos en invierno pues no llegan a perder la hoja para proteger las yemas de sus futuros brotes de los fríos intensos y con mayor motivo si se contemplan al atardecer. Pudiera ser que también quedase algún bosquete de hayas que, según análisis polínicos de estudios arqueológicos llevados a cabo en zonas circundantes, parece ser una especie que crecía en diversas zonas de la sierra de Ávila). Lugares como Canchilla Duero, por ejemplo, hacen clara referencia al río que atraviesa Castilla y Portugal, Navillas de Brieva, como el pueblo de La Rioja... Otros topónimos nos derivan a la presencia musulmana, sobre todo el del río Almar ya que una de sus dos fuentes nace en este término, en la fuente del Valle, y la otra surge en la misma ermita de Las Fuentes. Otros como Valle Jarmó o Jalmín pudieran corresponderse también con derivaciones del árabe, aunque recientemente este topónimo aparece en un documento de pago de contribución como Valle Jalmundo que podría tener connotaciones visigóticas. Esto tampoco resultaría extraño ya que relativamente cerca se encuentra la necrópolis de La Coba, perteneciente a este período. Quizá, incluso pudiese haberse producido la existencia de algún colectivo hebreo, pues aparte de las costumbres que se conservan en Castilla procedentes de sus judíos y que en Valdecasa se podían observar como en cualquier otro pueblo, existen topónimos como la Cueva de Marranos (palabra de origen árabe con la que se nombraba a aquellas personas que practicaban el judaísmo) o las diferentes navas y navillas que se extienden por todo el término y que según las últimas investigaciones también pueden proceder de esa lengua. Otros describen simplemente el lugar al que nombran El Agallarejo, La Piedra del Pozo, El Egido, El Colladillo, La Cabeza, El Berrocalejo...
Ajalugu
Aparte de los restos arqueológicos que se han encontrado en los pueblos circundantes como San Juan del Olmo, Cillán, Chamartín de la Sierra, Balbarda, Muñico, etc., de origen vetón, romano, visigodo y alto medieval, además de las referencias históricas de las que posteriormente se tiene constancia, parece que existen en el término municipal de Valdecasa, en la zona de la Dehesa de Rehollo, tumbas excavadas en piedra que parecen ser visigodas. Se habla también de que el viejo escudo del pueblo lucía una gran encina cuyas ramas colgaban hasta el suelo… quizá se trate de una vieja historia sin fundamento.
Esta zona es de las denominadas por los historiadores de la provincia de Ávila como de repoblación tardía. Según puede leerse en el tomo II de la Historia de Ávila de Ángel Barrios, una vez consolidado el mapa de poblamiento en el que en el "cabildo" de Rioalmar constan 34 pueblos (entre ellos Graios, Palenciana, Pasariella, Ortigosa, Maniavalago, Narros, Muñicoblasco...) y como consecuencia del propio incremento vegetativo, crecimiento general de tipo extensivo, durante la segunda mitad del siglo XIII, surgieron nuevas aldeas a donde se desplazaron familias de campesinos que se asentaron en los intersticios que la colonización anterior, a partir de los viejos pueblos había dejado vacantes. Nuevamente Ángel Barrios nos informa de que en el "Cabildo" de Riolamar se crearon hasta once nuevas aldeas que fueron: Robledillo, Viniegra, Quemada, Aldeyela, Cillán, Echamartín, Orihuelos, El Prior, Tiamuña, Zan y Valdecasa, varias de ellas hoy desaparecidas.
Y en la publicación de Gil Robles del año 1250 pueden leerse Nafarriellos (Narrillos del Rebollar), Barbaharda (Balbarda), Pasariella, Graios, Munnicos, Ortigosa... por lo que es muy probable que por esas fechas ya existiese también pobladores de la actual Valdecasa. Con fecha de 9 de enero del año 1312 una denuncia alude a que hubo incursiones ilegales por estas tierras para cortar leña, roturar tierras y rebaños de ganados por parte de vecinos del cercano Vadillo. Los Concejos de Aldea se agrupaban en sexmos y se asocian a los procesos de repoblación desde el siglo XIII. Valdecasa aparece como aldea independiente perteneciente al Sexmo de San Pedro con su anejo Pasarilla.
Eclesiásticamente, Valdecasa siempre perteneció a la parroquia de Grajos (hoy conocido como San Juan del Olmo aunque para sus vecinos Valdecaseros, de donde baja el helado viento escorna cabras, siempre serán “los de Grajos”). Valdecasa perteneció al denominado "Benficio de Grajos" desde que este se fundó, propiedad del convento de la Encarnación de Ávila. Por lo que en este sentido y en muchos otros, siempre dependió de este pueblo ya que siempre fue más grande, mejor comunicado y disponía de un buen comercio, tahona, médico, cura… Y no faltaban ni faltan hoy los vecinos de Valdecasa en la romería de la Virgen de las Fuentes. Hasta la desamortización, los parroquianos dependieron de las monjas del convento de la Encarnación de Ávila, según consta en diferentes archivos y a las que les pagaban sus tributos.
A mediados del siglo XIX, el lugar tenía contabilizada una población de 57 habitantes. Aparece descrito en el decimoquinto volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:
Mälestised
La iglesia:
El único monumento que destaca en el pueblo es su pequeña iglesia. Está construida en piedra y parece, por el estilo de su fachada, del siglo XV, aunque probablemente esté construida sobre otra anterior. Esta afirmación se debe a que se aprecian, a primera vista, dos estilos muy diferentes de construcción: la zona del ábside y norte, parece anterior a la cara sur, probablemente del siglo XIII. Sorprende su pequeña espadaña mudéjar de ladrillo, su origen pudiese ser anterior de la época en que se produjo la repoblación, quizá existiese como ermita. El hecho de que se produjese esta repoblación tampoco demuestra que la zona estuviese completamente despoblada. En el patio hay una cruz de piedra y antes había una olma hueca donde se escondían los chavales para jugar y las lechuzas nocturnas para asustar. También se encuentra, pegado al ábside, el pequeño cementerio. Desde este parece observarse en el centro del ábside lo que pudo ser una pequeña ventana saetera que probablemente diera luz al interior antes de instalar el magnífico retablo del primer barroco o incluso tardo-renacentista presidido por un hermoso y delicado relieve de la Anunciación en madera policromada. Lleva ya unos cuantos años en proceso de restauración. Lo flanquean diversas tallas de imágenes de santos y una virgen con niño, por el hábito y como es lógico debido a la vinculación con la Orden del Carmelo, parece tratarse de la Virgen del Carmen. Hay un Cristo muy antiguo y recientemente restaurado y un curioso calvario que estaba muy deteriorado y que ha sido una sorpresa poder admirarlo una vez restaurado. Detrás del sagrario hay una pintura al óleo que debe describir algún milagro ocurrido en alguna contienda, aunque no se aprecia bien por la falta de luz en ese espacio y quizá porque necesita de forma urgente una restauración. Todo el suelo de la iglesia está compuesto por sepulturas y antiguamente, cuando no había bancos para sentarse, las mujeres se colocaban sobre esas piedras, con un cojín para arrodillarse y un mantel con velas muy finas enroscadas en una tabla que encendían para iluminar el alma de sus difuntos. Los hombres se colocaban en la parte trasera y los mozos por la escalera del campanario. La restauración del suelo que tuvo lugar en la parte del altar sobre los años setenta fue muy desafortunada al sustituir las antiguas baldosas de barro cocido por un terrazo industrial blanco y horrible. Por eso es mejor mirar arriba y contemplar el sencillo pero bonito artesonado que sin ningún lugar a dudas expresa sus breves pero seguras trazas mudéjares. En alguna ocasión escuché que las vigas más grandes del tejado de la iglesia procedían de árboles que cortaron en El Prajoncillo. Además, elevando la vista no se piensa en los daños que dicha obra sin control causaría a las sepulturas que allí se ocultaban. Bajo la escalera del campanario se encuentra una rústica pila bautismal de granito. Hace años, a ambos lados de la nave había sendos altares. Uno de ellos lo presidía una imagen policromada de San Blas que cedió el pueblo de Grajos a cambio de un verraco semental: Dice la leyenda que aquel invierno las gentes de Grajos padecieron mucho de la garganta como castigo por aquel desafortunado trueque. A un lado de esta imagen se encontraba la Virgen de la Estrella que ha perdido la policromía y al otro la que debe ser un exvoto y se denomina como La Niña Legañosa que también luce el color y textura de su madera. Al otro lado se podía ver una imagen moderna de la Inmaculada y un cuadro de la misma de desconocido autor y valor, se hallaba en la pared del oeste. Con el tiempo, también fue colocada en un nuevo solporte la imagen de la patrona del pueblo: Santa Teresa de Jesús que siempre había estado sobre sus andas, como dispuesta a salir de procesión, sin duda debido al carácter andariego de nuestra Santa, y para que el día de la fiesta, le bailen la jota. Se hacían varias paradas en esta procesión y se colocaban delante de las andas dos filas (antiguamente sólo de hombres) que bailaban sones ancestrales al ritmo de la gaitilla y el tamboril. De esta imagen de Santa Teresa, mi abuela y mi tía Juana, contaban una historia acompañada de un cantar que comenzaba así: Cantar dicen los cantares, en El Parral te compusieron y por Solana pasaste y a Grajos te llevaron para en esta prepararte… Por lo visto, a los vecinos de Grajos les gustó la nueva imagen o quizá vieron la oportunidad de desquitarse por el cambio del San Blas y no dejaban que la imagen de La Santa saliese de su iglesia. Ante esta situación, los vecinos de Valdecasa, dirigidos por los representantes del Ayuntamiento, formaron una procesión y se dirigieron a buscarla… las campanas no dejaron de tañer y repicar, y al ver los de Grajos que se acercaban al arroyo de La Canaleja salieron a su encuentro y les entregaron la imagen terminando con el malentendido. Desde entonces se celebra el 28 de mayo la llegada al pueblo de esta imagen, es la fiesta chica.
El potro y la fuente:
Detrás del muro del cementerio se conserva un potro de herrar bueyes y caballerías. En un paraje llamado El Prajoncillo, se encuentra una fuente de las llamadas romanas, bajo un arco de piedra perfectamente tallado y que probablemente sea de época románica. Esta se encuentra un poco deteriorada desde que construyeron las infraestructuras para llevar el agua potable a la población, así como los antiguos pozos de lavar. Uno de los cuales era un venero de agua cristalina que no cambiaba de temperatura ni en invierno ni en verano.
Rutas:
El paisaje de montaña que rodea al pueblo permite varias excursiones muy recomendables como la subida al cerro Berrocalejo que aparece como el respaldo del pueblo y que en su cima se puede encontrar el Canto acuñado con queso que es una gran bola de granito que parece que en cualquier momento rodará ladera abajo llevándose todo por delante. También se puede ascender por el Escalerón, balcón pétreo frecuentado por buitres, y tras clavar cualquier trozo de hierro en una de las grietas del Canto de las Tachuelas y casi jugar a la petanca con otras piedras que se tiran con el objeto de colocarlas sobre una con su parte superior plana, un poco más arriba. Son los "cantos de responsos" y "cantos de los deseos" apenas conocidos pero son hitos interesantísimos en los que se mezcla lo mágico, lo religioso y la naturaleza. Son grandes bolos de piedra, ubicados al lado de los caminos, donde los viandantes lanzaban piedras. Si la piedra quedaba arriba entonaban una plegaria que les protegía en su viaje al liberarse un ánima del purgatorio o pedir un deseo. Algo similar son los milladoiros gallegos. Quedan muchos cantos de responsos en Ávila pero permanecen en su mayoría en el olvido, deberíamos intentar inventariarlos y reconocerlos. El de Valdecasa es de idéntico ritual pero se trata de un Canto de los Deseos, como bien ha documentado el arqueólogo Jesús Caballero Arribas.
Se pueden ir atravesando cerros y visitar parajes como el Corral de los Hontanarejos donde se guarda algunas veces el ganado que cuida el pastor comunal, aunque esté en ruinas, y así hasta alcanzar el cerro de las Navas, donde se puede disfrutar de una magnífica fuente de agua helada y subir a la cima del cerro de Gorría (1717m) donde se puede ver el vértice geodésico del IGN, llamado popularmente el Tío Blanco. Desde ese punto se controla todo el Valle de Amblés y gran parte de la Moraña, así como buena parte de las sierras de Gredos y Guadarrama, la vista es impresionante. Otra excursión consiste en subir por La Cabeza hasta la Lancha Ronchaera que no es otra cosa que un pequeño tobogán natural en la piedra por la que antiguamente se deslizaban jugando los pastorcillos. Estas piedras también tienen su significado ancestral, pues antiguamente estaban relacionadas con la fertilidad de las mujeres que al parecer realizaban allí sus rituales para quedar embarazadas. A su lado se encuentra, curiosamente, el Canto de la Cuna. Y para los más arriesgados y
Qué visitar
Arquitectura popular:
Se pueden observar algunos rasgos característicos en la construcción de las casas más antiguas. Sin alejarse en absoluto del más puro estilo serrano, algunas presentan en la entrada un pequeño porche llamado portalillo que solía decorarse en su interior con figuras geométricas decoradas con tonos azules de añil sobre el fondo blanco de la cal. El material utilizado para el exterior de las viviendas es el granito, dando pie a construcciones de anchos muros con pequeños huecos en las ventanas, siempre con reja de hierro forjado. La cubierta era de teja árabe que descansaba sobre madera entrelazada con piornos y ramos o también con madera de ripia. Las puertas de las casas eran de doble hoja y permanecían con su parte superior abierta desde la mañana a la noche. Normalmente se reproducía el mismo esquema con alguna variación. Se entraba en un portal en el que solía encontrarse un vasar, la cantarera, alguna banqueta o silla y casi siempre algún almirez o cazo de metal por allí colgado, frente a la puerta. El portal cumplía la función de distribuidor entre las diversas estancias. En los cuartones de madera del techo se colgaban siemprevivas que eran cortadas la noche de San Juan antes de que saliese el sol. Las paredes interiores eran de adobe, los techos de madera, normalmente de álamo y los suelos de piedra o directamente de barro (tierra batida) que se regaba antes de ser barrido para evitar la polvareda. A izquierda y derecha podía haber una o dos salas que a su vez tenían uno o dos dormitorios cada una. Los dormitorios se aislaban de la sala con cortinas de algodón blanco bordadas o con puntillas. En el centro de estas salas había una mesa redonda y alrededor, junto a las paredes, sillas, arcones, baúles y alguna mesa llena de vasos y pequeños recipientes de cristal colocados, por ejemplo, de mayor a menor. El mobiliario normalmente se fregaba con jabón y arena fina lo que le dotaba de un aspecto característico y blanquecino. Las paredes, en ocasiones estaban empapeladas, aunque en la mayoría de los casos era la cal la que las jalbegaba de un blanco deslumbrante. Era costumbre decorar las estancias con zócalos bajos de diferentes colores. Al fondo podíamos encontrar la cocina con una gran campana de chimenea en el techo donde en los fríos inviernos se colgaban los embutidos y otras viandas de la imprescindible matanza. En la cocina también solía haber un vasar con los huecos para los baldes de zinc donde se fregaban los cacharros, un escaño, una mesa para comer, banquetas, sillas y tajillas. Directamente en la pared había una oquedad con unas tablas que servía para almacenar las especias: el pimentón, el orégano, la sal… se usaba como una pequeña alacena y como tal se adornaba con puntillas realizadas con hilo o incluso recortadas en papel para ser anualmente sustituidas. La imprescindible despensa nunca faltaba, así como la escalera de acceso al sobrado bajo la cual se guardaban las tinajas para el vino o las aceitunas… El sobrado era una pieza fundamental de las casas porque además de servir como cualquier otro desván para guardar trastos en desuso, servía para almacenar el grano separado por las trojes que no eran otra cosa que unos pequeños tabiques de adobe; también algunos productos de la huerta como las cebollas, patatas, nueces… La mayor parte de las casas disponían de un corral y dependiendo del tamaño de este, uno o más pajares. En el corral estaban las pilas talladas en piedra donde se servía el caldero de comida para los cerdos.
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August 2026
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Kuulsad isikud
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Vallamaja
Alcaldía: Raquel Lopez Gerardo
Web oficial: http://www.valdecasa.es/
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